
Por Alfred Irizarry
Hay momentos en la vida en los que todo parece imposible. Miramos nuestras limitaciones, recordamos nuestros fracasos, contemplamos los obstáculos que tenemos delante y llegamos a la conclusión de que no podemos avanzar.
Tal vez hemos orado durante mucho tiempo sin ver una respuesta. Quizá Dios ha puesto delante de nosotros una obra que parece demasiado grande. Puede ser que contemplemos nuestra propia vida espiritual y pensemos que jamás lograremos vencer aquello contra lo cual hemos luchado durante años. O quizá las circunstancias que nos rodean parecen haber cerrado todas las puertas.
Pero la gran pregunta de la fe no es: "¿Qué puedo hacer yo?"
La pregunta es:
"¿Qué puede hacer Dios?"
La Biblia nos invita a creer en un Dios cuyas posibilidades no están limitadas por nuestras circunstancias.
"Porque nada hay imposible para Dios" Lucas 1:37
Y Jesús declaró:
"Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible." Mateo 19:26
La fe comienza precisamente donde nuestras posibilidades terminan.
Cuando Dios llamó a Moisés para sacar a Israel de Egipto, su primera reacción no fue de confianza, sino de temor.
Durante cuarenta años había vivido lejos de Egipto. Ya no era el joven criado en la corte de Faraón. Era un pastor en el desierto.
Además, Moisés llevaba consigo el recuerdo de un fracaso.
Décadas antes había intentado intervenir en favor de su pueblo, pero terminó huyendo de Egipto. Ahora Dios le decía que regresara al mismo lugar del cual había escapado y que se presentara delante del hombre más poderoso de aquella nación.
La respuesta de Moisés fue:
"¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?" Éxodo 3:11
Humanamente hablando, la pregunta parecía razonable.
Pero Dios no respondió explicándole a Moisés todo lo capaz que él era.
Dios dirigió su atención hacia algo mucho más importante:
"Ve, porque yo seré contigo." Éxodo 3:12
Aquí encontramos una de las grandes lecciones de la fe.
Nuestra seguridad no está en quiénes somos nosotros, sino en quién va con nosotros.
Moisés preguntaba: "¿Quién soy yo?"
Dios, en esencia, le estaba diciendo: "La pregunta correcta es: ¿Quién soy YO?"

Pero Moisés continuó mirando las dificultades.
Dios le aseguró que los ancianos de Israel escucharían su voz y que Él extendería su mano sobre Egipto con grandes maravillas. Sin embargo, Moisés respondió:
"He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz." Éxodo 4:1
Dios había dicho que escucharían.
Moisés decía que no escucharían.
¿No hacemos nosotros algo semejante?
Leemos las promesas de Dios y luego miramos nuestras circunstancias.
Dios dice una cosa; nuestras emociones dicen otra.
Dios dice: "Yo estaré contigo".
Nosotros respondemos: "Pero no puedo".
Dios dice: "Yo abriré el camino".
Nosotros pensamos: "No veo ninguna salida".
Dios dice: "Ve".
Nosotros preguntamos: "¿Y si fracaso?"
El problema de Moisés no era simplemente que dudara de sí mismo. Estaba comenzando a dudar de que Dios pudiera hacer por medio de él lo que había prometido.
Y Dios comenzó pacientemente a enseñarle que la obra no dependería del poder de Moisés, sino del poder de Dios.
La vara se convirtió en serpiente.
Su mano quedó enferma y fue restaurada.
Dios le mostró que Aquel que lo enviaba tenía poder sobre la naturaleza, sobre la enfermedad y sobre circunstancias que Moisés jamás podría controlar por sí mismo.
Cuando Moisés todavía respondió que no era elocuente, Dios le preguntó:
"¿Quién dio la boca al hombre?… ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca." Éxodo 4:11-12
En otras palabras:
"Moisés, yo sé exactamente cuáles son tus limitaciones. Yo te hice. No necesito que seas poderoso; necesito que confíes en mi poder."
Esta es una verdad profundamente alentadora.
Dios no llamó a Moisés porque Moisés se sintiera capaz.
Lo llamó cuando se sentía incapaz.
Dios no necesitaba que Moisés confiara en su elocuencia, su inteligencia, su experiencia o su personalidad.
Necesitaba que creyera.
A veces pensamos que antes de que Dios pueda utilizarnos tenemos que convertirnos en personas extraordinarias.
Pero la Biblia muestra una y otra vez algo diferente.
Dios toma personas débiles y realiza mediante ellas cosas que humanamente no podrían realizar.
Así queda claro que el poder pertenece a Dios.
Por eso, cuando Dios coloca una responsabilidad delante de ti, no preguntes solamente:
"¿Tengo yo la capacidad?"
Pregunta:
"¿Me ha llamado Dios?"
Porque si Dios verdaderamente te llama a hacer algo conforme a su voluntad, Él también puede darte la capacidad necesaria para realizarlo.

Noé constituye otro gran ejemplo.
Dios le habló acerca de acontecimientos que nunca había visto.
Debía construir un arca y anunciar un juicio que para los hombres de su generación parecía absurdo.
Sin embargo:
"Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase." Hebreos 11:7
La fe de Noé no estaba basada en lo que sus ojos podían comprobar.
Estaba basada en la palabra de Dios.
Eso es fe.
Hebreos declara:
"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." Hebreos 11:1
Fe no significa negar la realidad.
Fe significa reconocer que la palabra de Dios es una realidad mayor que aquello que nuestros ojos pueden ver en este momento.
Noé no veía lluvia.
Pero tenía una palabra de Dios.
Moisés no veía un ejército capaz de derrotar a Egipto.
Pero tenía una palabra de Dios.
Abraham no veía cómo podría cumplirse la promesa.
Pero tenía una palabra de Dios.
Cuando Dios ha hablado, la pregunta ya no es solamente lo que parece posible para el hombre, sino lo que es posible para Dios.
Lo extraordinario de la historia de Moisés es que el hombre que inicialmente preguntaba: "¿Quién soy yo?" llegó a convertirse en uno de los grandes ejemplos bíblicos de fe.
Hebreos dice de él:
"Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible." Hebreos 11:27
Se sostuvo como viendo al Invisible.
Ese Moisés no nació de un día para otro.
Era el mismo hombre que había dudado.
El mismo que había presentado excusas.
El mismo que temía ser rechazado.
El mismo que había dicho: "No me creerán".
Pero aprendió a dejar de mirar constantemente su propia incapacidad para contemplar el poder de Dios.
Y eso significa que también hay esperanza para nosotros.
Quizá has dudado.
Quizá has tenido experiencias maravillosas con Dios y, aun así, hoy estás luchando con la incredulidad.
Quizá recuerdas ocasiones en las cuales Dios respondió tus oraciones, abrió puertas, te protegió o dirigió tu vida, pero ahora te encuentras delante de una nueva dificultad y vuelves a tener miedo.
La historia de Moisés nos dice:
Tu duda de ayer no tiene que determinar tu fe de mañana.
Puedes aprender a confiar.
Puedes crecer.
Puedes comenzar nuevamente.
Tal vez tu "Egipto" no es una nación.
Puede ser una situación familiar.
Una obra misionera.
Una puerta aparentemente cerrada.
Una lucha espiritual.
Una responsabilidad para la cual te sientes insuficiente.
Una persona por cuya conversión has orado durante años.
Una iglesia que parece espiritualmente dormida.
Un proyecto que humanamente parece demasiado grande.
O quizá tu imposible eres tú mismo.
Tal vez has mirado tantas veces tus propias derrotas que has comenzado a creer que nunca podrás cambiar.
Pero el evangelio mismo es una proclamación de lo imposible.
Humanamente es imposible transformar un corazón.
Humanamente es imposible producir una nueva criatura.
Humanamente es imposible salvar al pecador.
Pero aquello que el hombre no puede hacer, Dios puede hacerlo.
Jesús no dijo que todo fuera fácil.
Dijo algo mucho mejor:
"Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible."

Creer en el Dios de lo imposible no significa esperar que Dios haga cualquier cosa que nosotros imaginemos.
La verdadera fe no intenta obligar a Dios a cumplir nuestros deseos.
La verdadera fe busca conocer su voluntad y luego descansa en su poder.
No se trata de decir:
"Dios hará lo que yo quiero."
Sino:
"Si Dios ha hablado, puedo confiar en Él."
Noé construyó porque Dios había hablado.
Moisés regresó a Egipto porque Dios lo había enviado.
La fe bíblica siempre está unida a la palabra y a la voluntad de Dios.
Cuando nuestra voluntad se rinde a la voluntad divina, dejamos de medir el futuro únicamente por nuestras fuerzas.
Hebreos resume la experiencia de fe con estas palabras:
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan." Hebreos 11:6
Observa dónde comienza.
"Crea que le hay."
Antes de mirar el problema, mira a Dios.
Antes de calcular tus recursos, contempla sus recursos.
Antes de recordar todas las veces que has fallado, recuerda quién es Él.
Dios no envejece.
Dios no pierde poder.
Dios no se confunde.
Dios no descubre repentinamente que tu problema es mayor de lo que esperaba.
Aquello que te sorprendió a ti no sorprendió a Dios.
Aquello que tú no sabes cómo resolver no está fuera del alcance de su sabiduría.
Aquello que para ti parece completamente imposible continúa estando bajo el dominio del Dios que creó el universo por su palabra.
Quizá hoy estás exactamente en el lugar donde estaba Moisés frente a la zarza ardiente.
Estás mirando el llamado y luego te miras a ti mismo.
Y dices:
"¿Quién soy yo?"
"Yo no tengo suficiente experiencia."
"Yo no sé hablar."
"Yo ya fracasé antes."
"No me van a escuchar."
"No tengo los recursos."
"No veo cómo puede suceder."
"No creo que yo pueda hacerlo."
Quizá todo eso sea cierto.
Pero falta la realidad más importante:
Dios está contigo.
Por eso, no concentres toda tu atención en quién eres tú.
Reconoce quién es Él.
No digas solamente:
"No puedo."
Pregunta:
"¿Puede Dios?"
Y la respuesta de las Escrituras continúa siendo:
Sí.

Tu historia pasada no tiene que ser tu historia futura.
Aunque hayas dudado, puedes creer.
Aunque hayas retrocedido, puedes avanzar.
Aunque hayas vivido con temor, puedes aprender a caminar por fe.
Aunque las circunstancias que hoy te rodean parezcan imposibles, Dios continúa siendo Dios.
El mismo hombre que comenzó preguntando "¿Quién soy yo?" terminó sosteniéndose "como viendo al Invisible".
Y el mismo Dios que transformó la experiencia de Moisés puede transformar la nuestra.
Por eso, si hoy estás delante de algo que parece imposible, no permitas que el tamaño del obstáculo te haga olvidar el tamaño de tu Dios.
Acércate a Él.
Busca su voluntad.
Aférrate a su palabra.
Obedece el próximo paso que Él te muestre.
Y deja en sus manos aquello que solamente Él puede hacer.
No digas: "¿Quién soy yo?"
No digas: "No me creerán".
No digas: "Es imposible".
Levanta los ojos y reconoce QUIÉN ES ÉL.
Porque quizá tú eres débil.
Quizá tus recursos son pequeños.
Quizá el camino parece cerrado.
Pero poderoso es Aquel que va contigo.
EL DIOS DE LA BIBLIA SIGUE SIENDO EL DIOS DE LO IMPOSIBLE.
Y cuando Él dice: "Ve, porque yo seré contigo", la fe responde:
"Iré, no porque yo sea capaz, sino porque Tú eres poderoso."