La salud como parte de nuestra responsabilidad cristiana
"La salud cristiana no se limita a la alimentación. Incluye el cuidado del cuerpo, la mente, los hábitos, el hogar, el carácter y nuestra relación con Dios."
Basado en principios bíblicos y escritos de Ellen

Cuando pensamos en una familia cristiana, con frecuencia pensamos en la oración, el estudio de la Biblia, la asistencia a la iglesia y la enseñanza de valores espirituales a nuestros hijos.
Sin embargo, existe otra responsabilidad que muchas veces se separa de nuestra vida espiritual: el cuidado de nuestra salud.
La Biblia presenta al ser humano como una unidad completa. Nuestra vida física, mental y espiritual no funciona como tres mundos completamente separados.
Lo que hacemos con nuestro cuerpo puede afectar nuestra mente. Nuestro estado mental puede influir sobre nuestras decisiones. Y nuestros hábitos pueden favorecer o dificultar nuestra vida espiritual.

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo... y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:19-20
En su contexto inmediato, Pablo está hablando especialmente contra la inmoralidad sexual. Sin embargo, el principio que establece es profundo: el cristiano no considera su cuerpo como algo completamente independiente de Dios.
Pablo concluye que debemos glorificar a Dios mediante nuestro cuerpo.
Presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo.
"Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios."
"Porque vosotros sois el templo del Dios viviente."
La vida cristiana también continúa cuando elegimos nuestros alimentos, organizamos nuestras horas de sueño, educamos a nuestros hijos, trabajamos, descansamos y establecemos los hábitos del hogar.
Ellen G. White desarrolló ampliamente este concepto de responsabilidad.
En El Ministerio de Curación, al hablar de la enseñanza de los principios de salud, explicó que las personas necesitan comprender su responsabilidad por la 'habitación humana' preparada por el Creador y sobre la cual debemos actuar como mayordomos fieles.
Relacionó directamente este principio con 2 Corintios 6:16: 'Vosotros sois el templo del Dios viviente.'

Los niños comienzan a aprender mucho antes de comprender una explicación sobre nutrición, ejercicio o temperancia.
Aprenden observando.
Un niño no desarrolla su estilo de vida a los dieciocho años.
Muchos patrones se forman silenciosamente durante la infancia.
Ellen G. White enseñó en Conducción del Niño que los hábitos se establecen mediante la repetición de los actos y que los hábitos adquiridos durante los primeros años pueden ejercer una influencia profunda en el carácter.
La educación de salud no debe consistir únicamente en prohibiciones. Debemos enseñar a nuestros hijos a comprender su cuerpo y desarrollar dominio propio.
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
Gálatas 5:22-23
La templanza o dominio propio tiene una aplicación mucho más amplia que simplemente abstenerse del alcohol.
Significa aprender a gobernar nuestros deseos en lugar de permitir que nuestros deseos nos gobiernen.
No necesito comer algo solamente porque tengo deseos de comerlo.
No necesito permanecer despierto porque quiero mirar otro video.
No necesito consumir algo simplemente porque todos los demás lo hacen.
No necesito satisfacer inmediatamente cada deseo.
Enseñar hábitos saludables puede convertirse también en una escuela de carácter.

Uno de los errores más comunes es reducir la reforma de la salud solamente a la comida.
Una persona puede comer cuidadosamente y vivir constantemente estresada.
Puede seguir una alimentación estricta y dormir solamente cuatro horas.
Puede evitar determinados alimentos y nunca hacer ejercicio.
Puede hablar mucho de salud mientras mantiene relaciones familiares llenas de conflicto.
Necesitamos alimento.
Necesitamos agua.
Necesitamos descanso.
Necesitamos movimiento.
Necesitamos relaciones saludables.
Necesitamos paz mental.
Necesitamos propósito.
Y por encima de todo, necesitamos una relación con nuestro Creador.
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.
3 Juan 2
Ellen G. White no limitó el bienestar de los niños a la alimentación.
También habló del ambiente del hogar y de una vida infantil sencilla, natural y relacionada con la naturaleza.
No todo uso de tecnología es dañino. Pero debemos preguntarnos si la tecnología está sirviendo al hogar o si el hogar está siendo organizado alrededor de la tecnología.
Durante generaciones, los niños participaban naturalmente en actividades familiares.
Ellen G. White consideraba el trabajo útil como una parte importante de la educación de los niños y recomendaba responsabilidades apropiadas para su edad.
Tender su cama
Ayudar en la cocina
Regar plantas
Trabajar en el jardín
Recoger sus pertenencias
Ayudar a limpiar
Participar en proyectos familiares
Esto no significa llenar al niño de trabajo. Significa enseñarle que pertenece a una familia y que puede contribuir a ella.
Podemos decir: 'Come saludable.'
Pero ellos observan nuestra alimentación.
Podemos decir: 'No pases tanto tiempo con el teléfono.'
Pero ellos ven cuánto tiempo pasamos nosotros con el teléfono.
Podemos decir: 'Vete a dormir.'
Pero ellos observan nuestros horarios.
Podemos enseñar: 'Confía en Dios.'
Pero ellos observan cómo respondemos cuando llega una crisis.
La educación más poderosa ocurre cuando nuestras palabras y nuestra manera de vivir dicen lo mismo.
Existe también otro peligro: convertir los hábitos de salud en una medida de superioridad espiritual.
La salvación no viene por comer correctamente.
No somos justificados por hacer ejercicio.
No recibimos vida eterna porque bebemos suficiente agua.
La obediencia y la mayordomía son respuestas a la gracia de Dios; no sustitutos de ella.
La salud cristiana tampoco debería convertirse en un sistema mediante el cual juzgamos los platos, cuerpos o enfermedades de otras personas.
El objetivo no debería ser construir un hogar obsesionado con reglas.
Deberíamos construir una cultura.
comer alimentos sencillos sea normal.
beber agua sea normal.
caminar juntos sea normal.
los niños jueguen afuera.
se valore el descanso.
trabajar con las manos no sea considerado un castigo.
exista autocontrol.
las comidas se compartan.
la Biblia y la oración formen parte de la vida cotidiana.
haya tiempo para conversar.
los padres sean compañeros de sus hijos.
Cristo sea el centro.
Una familia no necesita cambiar veinte cosas durante una sola semana.
Puede comenzar gradualmente.
Tomar más agua.
Caminar juntos varios días.
Establecer una hora más razonable para dormir.
Preparar más comidas en casa.
Pasar más tiempo al aire libre.
Reducir un hábito poco saludable.
Los buenos hábitos, como los malos, se construyen mediante repetición.
La meta no es perfección instantánea. La meta es establecer una dirección.
Nuestra salud, nuestras fuerzas, nuestras facultades y nuestros hijos son dones confiados temporalmente a nuestro cuidado.
Por eso el llamado bíblico continúa siendo relevante:
Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo. 1 Corintios 6:20
Una familia saludable no es simplemente una familia que busca vivir más años. Es una familia que procura utilizar de manera sabia la vida que Dios le ha dado. Cuando los padres enseñan a sus hijos a cuidar su cuerpo, disciplinar sus apetitos, desarrollar buenos hábitos, disfrutar de la naturaleza, trabajar con sus manos, descansar apropiadamente y confiar en Dios, no solamente les están enseñando acerca de salud. Los están preparando para una vida de mayordomía, dominio propio y servicio.

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Sitio para consultar las fuentes originales: EGW Writings — egwwritings.org
Este documento ha sido preparado con fines educativos y de edificación familiar.
EL PLAN DE DIOS PARA UNA FAMILIA SALUDABLE