El arca del pacto —un pequeño cofre de cuatro pies y seis pulgadas y once dieciseisavos de largo, y de dos pies, ocho pulgadas y trece dieciseisavos de ancho y alto— fue hecha expresamente para contener el pacto de los mandamientos. Véase Éxodo 25:10-16; Deuteronomio 10:5; 1 Reyes 8:9; Hebreos 9:4. El lugar del arca en el tabernáculo y en el templo era el lugar santísimo, dentro del segundo velo. Allí, en el lugar más santo de la tierra, Dios puso su pacto, su ley, sus testimonios, es decir, los diez mandamientos. San Juan, en santa visión, en la isla de Patmos, en el año 96 d. C., vio el verdadero santuario que “el Señor levantó, y no el hombre,” del cual Cristo es ministro o sacerdote, en el tercer cielo, y escribió: