LA VERDAD PRESENTE
Por Jaime White
PUBLICADO QUINCENALMENTE
VOL. I.—MIDDLETOWN, CONN., JULIO DE 1849.—NÚM. 1.
“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen; y a ellos hará conocer su pacto.” —Salmo 25:14.
“POR ESTO, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la VERDAD PRESENTE.” 2 Pedro 1:12.
Es por medio de la verdad que las almas son santificadas, y preparadas para entrar en el reino eterno. La obediencia a la verdad nos hará morir para este mundo, para que vivamos por la fe en Jesús. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad;” Juan 17:17. Esta fue la oración de Jesús. “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad,” 3 Juan 4.
El error entenebrece y encadena la mente, pero la verdad trae consigo libertad, y da luz y vida. La verdadera caridad, o AMOR, “se goza de la verdad;” 1 Corintios 8:6. “Tu ley es la verdad.” Salmo 119:142.
David, describiendo el día de la matanza, cuando la pestilencia ande en oscuridad, y la mortandad destruya a mediodía, de modo que “caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra,” dice:
“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; su VERDAD será tu ESCUDO y ADARGA.” Salmo 111:4.
La tormenta viene. La guerra, el hambre y la pestilencia ya están en el campo de la matanza. Ahora es el tiempo, el único tiempo, de buscar refugio en la verdad del Dios viviente.
En el tiempo de Pedro había verdad presente, o verdad aplicable a aquel tiempo presente. La iglesia siempre ha tenido una verdad presente. La verdad presente ahora es aquella que muestra el deber actual, y la posición correcta para nosotros que estamos por presenciar el tiempo de angustia, cual nunca fue. La verdad presente debe repetirse a menudo, aun a los que están establecidos en ella. Esto era necesario en los días de los apóstoles, y ciertamente no es menos importante para nosotros, que vivimos justamente antes del fin del tiempo.
Por meses he sentido la carga del deber de escribir y publicar la verdad presente para el rebaño esparcido; pero el camino no se me había abierto para comenzar la obra hasta ahora. Tiemblo ante la palabra del Señor y ante la importancia de este tiempo. Lo que se haga para difundir la verdad debe hacerse pronto. Los cuatro ángeles están deteniendo a las naciones airadas solo por unos pocos días, hasta que los santos sean sellados; entonces las naciones se precipitarán como el ímpetu de muchas aguas. Entonces será demasiado tarde para presentar ante almas preciosas las verdades salvadoras y vivientes de la Santa Biblia para este tiempo. Mi espíritu se extiende en pos del remanente esparcido. Que Dios les ayude a recibir la verdad y a ser establecidos en ella. Que se apresuren a refugiarse bajo el “amparo del Dios Todopoderoso,” es mi oración.
El sábado semanal instituido en la creación, y no en el Sinaí
“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.”** Génesis 2:2, 3.
Aquí Dios instituyó el descanso semanal, o sábado. Fue el séptimo día. Él BENDIJO y SANTIFICÓ ese día de la semana, y ningún otro; por lo tanto, el séptimo día, y ningún otro día de la semana, es tiempo santo, santificado.
DIOS ha dado la razón por la cual bendijo y santificó el séptimo día. “Porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” Él reposó, y puso el ejemplo para el hombre. Bendijo y apartó el séptimo día para que el hombre descansara de su trabajo y siguiera el ejemplo de su Creador. El Señor del sábado dijo, Marcos 2:27, “El sábado fue hecho por causa del hombre.” No solo para el judío, sino para el HOMBRE, en su sentido más amplio; esto es, toda la humanidad. La palabra hombre en este texto significa lo mismo que en los siguientes textos. “El hombre nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores.” Job 14:1. “Así el hombre yace y no vuelve a levantarse; hasta que no haya cielo, no despertarán.” Job 14:12.
Nadie dirá que hombre aquí significa judíos o cristianos, sino toda la raza humana. El sábado fue hecho para el hombre, para toda la raza humana. Adán, Noé y Abraham fueron hombres; por lo tanto, el sábado fue hecho para ellos, así como para Moisés y los judíos. Nosotros somos hombres, y el sábado fue hecho para nosotros.
DIOS ha dado la siguiente razón en el decálogo por la cual el hombre debe guardar su santo sábado: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová BENDIJO el séptimo día y lo SANTIFICÓ.” Éxodo 20:11.
Aquí nuestras mentes son dirigidas más de dos mil quinientos años atrás, a la creación y al santo reposo en Edén, para el origen del sábado. Todo entendimiento sincero debe ver este hecho claro. DIOS no bendijo ni santificó el día de sábado en el Sinaí; no, no. Esto lo había hecho en Edén dos mil quinientos años antes.
“Y bendijo Dios al séptimo día, y lo santificó.” Génesis 2:3.
El sábado fue señalado y resguardado con milagros por Jehová, y guardado por Israel en el desierto de Sin, treinta días antes de llegar al Sinaí.
“Y aconteció que en el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.”
“Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es sábado para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es sábado; en él no se hallará.”
Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que Jehová os dio el sábado. Así el pueblo reposó el séptimo día.” Véase Éxodo 16:22-30.
Los hijos de Israel salieron de Egipto el día quince del mes primero, y llegaron al desierto de Sin el día quince del mes segundo. Allí DIOS les da pan del cielo, y les recuerda el sábado. Del desierto de Sin pasaron a Refidim, y de Refidim llegaron al desierto de Sinaí el día quince del mes tercero.
Obsérvese esto. DIOS les da maná, les recuerda su sábado, y lo guarda con milagros treinta días antes de que vieran el monte Sinaí, y treinta y dos días antes de que DIOS hablara desde el monte humeante los diez mandamientos.
Con frecuencia oímos la afirmación de que el sábado no se menciona en la Biblia hasta después de que la ley fue dada desde el monte Sinaí; por lo tanto, el sábado del séptimo día es el sábado de los antiguos judíos, y está abolido. No hace mucho un predicador adventista del segundo advenimiento me hizo esta falsa afirmación. Otra persona me la repitió hace menos de dos semanas. Ahora bien, espero que todos los que trabajan bajo esta idea equivocada vuelvan a mirar. Les ruego que lean la historia del viaje de Israel desde Egipto hasta el monte Sinaí, que se encuentra en Éxodo.
El Señor dijo a Moisés, treinta y dos días antes de dar la ley de mandamientos: “¿Hasta cuándo no querréis guardar MIS MANDAMIENTOS y MIS LEYES? Mirad que Jehová os dio el sábado.” El sábado no se menciona aquí como una institución nueva, sino como una antigua, que ellos no habían guardado mientras estaban en servidumbre a los egipcios. DIOS sacó a Israel de casa de servidumbre para probarlos y ver si guardarían sus mandamientos. Solo habían salido de Egipto treinta días cuando DIOS les recordó su sábado.
“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.” Deuteronomio 8:2. No podían guardar su sábado en Egipto. No podían guardarlo; y tampoco nosotros podemos guardarlo cuando estamos atados por credos sectarios. Por eso DIOS nos ha sacado de las iglesias para probarnos, para examinarnos, para saber lo que hay en nuestro corazón, si guardaremos sus mandamientos.
El sábado, un memorial semanal perpetuo
“En verdad vosotros guardaréis mis sábados; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os SANTIFICO.” “Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto PERPETUO.”
“Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.” Éxodo 31:13-17.
El sábado, pues, es una señal, o sello, entre DIOS y su pueblo para siempre. Es un pacto perpetuo entre ellos. ¿Mostrará alguien el fin de un pacto perpetuo dado por señal para siempre? La única razón que aquí se da de por qué el sábado es una señal perpetua es: “porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo reposó.” Esto muestra que el sábado fue dado como memorial semanal. La pascua fue dada a Israel por memorial para recordarles su liberación de la servidumbre, y para que no olvidaran a DIOS, que pasó por encima de sus casas al herir a sus primogénitos, y con mano fuerte los sacó de Egipto.
La comunión del cuerpo y de la sangre de Cristo fue dada por memorial a la iglesia, para que no olvidemos los sufrimientos y la muerte del Cordero de DIOS.
Así, el sábado fue dado al hombre como memorial semanal, para que en el séptimo día dejara todo trabajo servil y todo afán, y mirara hacia atrás a la creación y al santo reposo, y así recordara, adorara y alabara al gran Jehová. Si el hombre hubiera guardado el descanso semanal, nunca habría olvidado a DIOS, que hizo los cielos y la tierra. “Serán trasladados al Seol todas las gentes que se olvidan de Dios.” Salmo 9:17.
Esta perspectiva da al sábado su justo peso de importancia. ¡Cuán sabio y maravilloso fue el plan de Jehová trazado desde el principio! El hombre había de trabajar seis días, y en el séptimo descansar de toda labor servil y de toda preocupación. Había de contemplar los cielos, la tierra, el mar, y todas las cosas, aun a sí mismo —la más noble de las criaturas— y así recordar al Dios viviente.
Las dos leyes
Existe una clara distinción entre la ley de Moisés y la ley de Dios en las Santas Escrituras.
La ley de Moisés era una ley de ceremonias carnales, escrita por la MANO de Moisés en un LIBRO.
La ley de Dios son los diez mandamientos, escritos por el DEDO de DIOS en DOS TABLAS DE PIEDRA.
Una es llamada el LIBRO del PACTO; la otra, las TABLAS del PACTO.
La ley de Moisés era una ley de sombras, abolidas cuando vino el nuevo, segundo y mejor pacto. Sus “ritos carnales,” sus “holocaustos y sacrificios,” sus “comidas y bebidas, y diversas abluciones,” fueron todos “clavados en la cruz” cuando el Cordero de Dios derramó su preciosísima sangre.
La ley de Dios es una ley de realidades, de cosas sustanciales, que nunca será abolida.
Los que confunden estas dos leyes en una sola no pueden ver ni sentir la fuerza de los mandamientos de Dios, y están en gran peligro de conformarse con la opinión moderna de que el sábado del séptimo día está abolido. Presentaré aquí las dos clases de textos que muestran claramente las dos leyes, rogando al Señor que guíe al lector sincero a un examen profundo de este tema.
La ley de Moisés
“Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un LIBRO hasta concluirse, mandó Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: Tomad este LIBRO de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios.” Deuteronomio 31:24-26. Véanse los versículos 9-11.
“Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el LIBRO de la ley de Jehová, dada por la MANO de Moisés.” (Véase el margen.) 2 Crónicas 34:14.
“Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del LIBRO del PACTO que había sido hallado en la casa de Jehová.” Véase 2 Crónicas 34:30.
“Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del LIBRO del PACTO que había sido hallado en la casa de Jehová.” 2 Reyes 23:2.
“Entonces el rey mandó a todo el pueblo, diciendo: Celebrad la pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el LIBRO de este PACTO.” 2 Reyes 23:21.
“Y dijeron a Esdras el escriba que trajese el LIBRO de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.” Véase Nehemías 8:1-3.
“Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del LIBRO está escrito de mí.” Hebreos 10:7; Gálatas 3:10.
“¿No habéis leído en el LIBRO de Moisés?” Marcos 12:26.
La ley de Dios, o los diez Mandamientos
“Y Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he ESCRITO para enseñarles.” Éxodo 24:12.
“Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el DEDO DE DIOS.” Éxodo 31:18.
“Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.” Véase Éxodo 22:15-16.
“Y escribió en tablas las palabras del PACTO, LOS DIEZ MANDAMIENTOS.” Véase Éxodo 34:28, 29.
“Y él os anunció su PACTO, el cual os mandó poner por obra; LOS DIEZ MANDAMIENTOS, y los escribió en dos tablas de piedra.” Deuteronomio 4:13.
“Y aconteció al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, LAS TABLAS DEL PACTO.” Véase Deuteronomio 9:9-11; 5:22.
Aquí vemos dos leyes y dos pactos: uno escrito por la mano de Moisés en un libro, y el otro escrito con el dedo de Dios en dos tablas de piedra.
El arca del pacto —un pequeño cofre de cuatro pies y seis pulgadas y once dieciseisavos de largo, y de dos pies, ocho pulgadas y trece dieciseisavos de ancho y alto— fue hecha expresamente para contener el pacto de los mandamientos. Véase Éxodo 25:10-16; Deuteronomio 10:5; 1 Reyes 8:9; Hebreos 9:4. El lugar del arca en el tabernáculo y en el templo era el lugar santísimo, dentro del segundo velo. Allí, en el lugar más santo de la tierra, Dios puso su pacto, su ley, sus testimonios, es decir, los diez mandamientos. San Juan, en santa visión, en la isla de Patmos, en el año 96 d. C., vio el verdadero santuario que “el Señor levantó, y no el hombre,” del cual Cristo es ministro o sacerdote, en el tercer cielo, y escribió:
“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo.” Apocalipsis 11:19.
El santuario típico, levantado por hombres en la tierra, en el cual estaba el arca del testimonio, fue destruido en el año 70 d. C., veintiséis años antes de que Juan tuviera su revelación; por lo tanto, no podía ver otro templo de Dios y otra arca sino los que estaban en el tercer cielo. Juan, mientras estaba en visión profética, miró hacia la gran expiación antitípica del décimo día del mes séptimo (el único tiempo en que Jesús habría de abrir el “templo del tabernáculo del testimonio en el cielo;” Apocalipsis 15:5-8, y pasar dentro del segundo velo y limpiar el santuario), y vio abierto el Lugar Santísimo del Santuario celestial, y en él vio el arca de los diez mandamientos. Sí, lector, el pacto de mandamientos de Dios es un pacto eterno, perpetuado y preservado en el cielo de los cielos. Un cambio de dispensaciones no lo ha quebrantado ni alterado.
“Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios; … entonces castigaré con vara su rebelión.” “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios.” Véase Salmo 89:31-34. Dios habló primero los diez mandamientos desde el Sinaí, y luego los escribió con su santo dedo en tablas de piedra. El Papa ha cambiado el mandamiento del sábado del séptimo al primer día de la semana. Dios no lo ha hecho. Él dijo que no “quebrantaría ni alteraría” su pacto.
Lea lo que Dios ha dicho sobre este importante asunto en Isaías 24:1-6. “He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y hace esparcir sus moradores. … La tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado esta palabra.” “La tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las LEYES, falsearon el DERECHO, quebrantaron el PACTO SEMPITERNO. Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres.” Todo esto ha de venir sobre los habitantes de la tierra (con excepción de los “pocos hombres” que guardan toda la ley) por cambiar la ordenanza (el sábado, del séptimo al primer día de la semana) y quebrantar la ley de Dios. Si los hombres vieran y sintieran la terrible importancia de guardar la santa ley de Dios, temblarían ante la palabra del Señor.
Los diez mandamientos son el fundamento de toda la Biblia. Son la ley moral y real de Dios, dada al hombre para vivir por ella, y por ella será juzgado. En nuestros tribunales, los hombres son juzgados por las mismas leyes que se les dan para vivir. Entonces no podemos evitar la conclusión de que habremos de comparecer ante los diez mandamientos en el día del juicio, ante el tribunal de Dios.
“Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.” Santiago 2:12. A esta ley se la llama ley real en el versículo 8, porque salió del Rey eterno. Santiago ha citado dos de los mandamientos del decálogo en el versículo 11, lo cual muestra que la ley real de la libertad por la cual el hombre ha de ser juzgado es la de los diez mandamientos. Lector, ¿cómo se sentirá usted ante el gran trono blanco, cuando sea juzgado por la ley de Dios, si quebranta el cuarto mandamiento, la ley del sábado?
Las dos leyes en el Nuevo Testamento
Este es un asunto muy importante. Por no tener una visión correcta de este tema, muchos han tropezado y han sido apartados de la verdad del sábado. Mi propósito es mostrar que la palabra ley, tan usada en el Nuevo Testamento, no se aplica siempre a una misma ley; sino que unas veces se aplica a la ley ceremonial de Moisés, y otras a la ley moral de Dios, los diez mandamientos.
Si la palabra ley, usada tan a menudo por San Pablo, se refiere a una sola ley, entonces ciertamente el apóstol se contradijo muchas veces. Aquí daré dos textos de sus epístolas que hablan de la ley, para que el lector vea claramente la contradicción si se entendiera una sola ley.
“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Gálatas 5:4.
“Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.” Romanos 2:13.
¿Se contradijo el apóstol en lo que escribió a los gálatas, en su carta a los romanos dos años después? Ningún creyente en la Biblia admitirá eso. Cuando aplicamos la palabra ley como debemos, no hay contradicción. El lenguaje del texto y su contexto determinan la aplicación.
Cuando Pablo habla de la ley en Romanos 2:12-22, se refiere a la ley moral de mandamientos. Este hecho lo establece en los versículos 21 y 22, al citar tres mandamientos del decálogo.
Cuando habla de la ley en Gálatas 5:4, se refiere a la ley ceremonial de Moisés. Esto es claro, y queda establecido por el hecho de que Pablo está hablando de la circuncisión y de comer con los gentiles, y no se refiere a la ley moral.
La epístola de San Pablo a los romanos fue escrita en el año 60 d. C. Lea lo que dice acerca de la ley, veintisiete años después de que la ley de Moisés había sido abolida y estaba muerta.
“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” Romanos 7:12. “Porque sabemos que la ley es espiritual;” versículo 14. “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;” versículo 22.
“Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios;” versículo 25.
Nadie dirá que Pablo llama a la ley de Moisés “espiritual,” “santa, justa y buena,” y que se deleitaba en ella y la SERVÍA veintisiete años después de estar muerta; por lo tanto, está hablando de otra ley, los diez mandamientos. Este hecho claro se hace, si es posible, aún más evidente por el versículo 7, donde el apóstol cita el último mandamiento del decálogo: “Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: NO CODICIARÁS.”
A menudo se nos remite a Romanos 7:6 como prueba de que la ley de Dios está muerta. Pero no prueba tal cosa. Lea este versículo con la lectura marginal, y verá que es el cristiano el que ha muerto a la ley, y no la ley la que está muerta.
“Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos.” La ley de Dios es el instrumento para convencer al pecador de pecado y matarlo, como hizo con Pablo, para que pudiera ser justificado y vivificado por la fe en Jesucristo. “Yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.” Romanos 7:9. Aquí, “la letra mata, mas el espíritu vivifica.” 2 Corintios 3:6.
“¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.” Romanos 3:31. Toda mente sin prejuicios puede ver las dos leyes en el Nuevo Testamento, buscando cuidadosamente la verdad. Una es llamada yugo de ESCLAVITUD; Gálatas 5:1; la otra es llamada ley real de LIBERTAD; Santiago 1:25; 2:8. Una era ley de “ritos carnales;” Hebreos 9:10; la otra era el deleite del apóstol, santa, justa, buena y espiritual. Añadiré aquí el testimonio de Jesús en su sermón del monte. Mateo 5:17-33.
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” ¡Cuántos están pensando que Jesús abolió y destruyó la ley de mandamientos, precisamente aquello que él les dijo que no pensaran! Él vino para cumplir la ley. La manera de cumplir la ley es guardarla. Esto hizo Jesús, guardando los mandamientos de su Padre. Véase Juan 15:10.
“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.”
Este texto prueba que los diez mandamientos de la ley moral han de continuar en pleno vigor, sin que uno solo sea relajado o quitado, mientras permanezcan el cielo y la tierra. El siguiente versículo muestra que Jesús estaba hablando de los diez mandamientos.
“Cualquiera, pues, que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (Véase la traducción de Campbell.)
Los primeros cuatro mandamientos, en la primera tabla de piedra, muestran al hombre su deber para con su Dios. Son los grandes mandamientos de la ley, pues se refieren al deber del hombre para con Dios.
Los últimos seis, en la segunda tabla, muestran al hombre su deber para con su prójimo. Son los mandamientos menores de la ley, pues se refieren al deber del hombre para con su semejante.
Jesús cita aquí tres de estos mandamientos menores de la segunda tabla de piedra, lo cual establece el hecho, sin sombra de duda, de que está hablando de los diez mandamientos. Véanse los versículos 21, 27 y 33.
Los hombres podrán enseñar por unos pocos días que la ley moral ha sido abolida, o que el cuarto mandamiento ha sido cambiado o RELAJADO, pero ¡cómo se marchitan sus falsas afirmaciones y sofisterías ante el claro testimonio del Hijo de Dios, que ha dicho: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una JOTA ni una TILDE pasará de la ley”! Y cómo se marchitarán y caerán en el día de la matanza y en el juicio.
Lector, no se deje engañar por los que están pisoteando la santa ley de Dios. No permita, le ruego, que lo aparten de las claras enseñanzas del Salvador y de sus santos apóstoles con relación a la ley de Dios. ¿Está usted quebrantando el cuarto mandamiento, el del sábado, de esa ley? Si lo está, no lo haga más. Es uno de los grandes mandamientos. Si los que quebrantan el menor serán tenidos en poco en el reino de los cielos, ¿cómo y dónde aparecerá usted si viola uno de los mayores mandamientos?
Examinadas las Escrituras que suelen citarse para probar la abolición del sábado.
Las porciones principales de la Escritura que se citan para sostener la doctrina del no sábado provienen todas de las epístolas del apóstol Pablo. Mi propósito es probar al lector que estas Escrituras no significan lo que se dice que significan, y que no presentan la menor evidencia para la abolición del sábado semanal.
Primero consideraremos algunas de las pruebas de la iglesia primitiva y las labores del apóstol en medio de ellas. Una parte de la iglesia cristiana estaba compuesta por convertidos de la circuncisión, o judíos, y otra parte por convertidos de la incircuncisión, o gentiles. Los convertidos del judaísmo todavía se inclinaban a aferrarse y practicar muchas de las ceremonias y costumbres de la religión judía, en la cual habían sido educados; mientras que los cristianos gentiles estaban libres de esas costumbres, porque no habían sido educados en ellas.
Pedro no vio que el evangelio era también para los gentiles hasta que Dios le dio una visión en la azotea y lo envió a predicarles en la casa de Cornelio. No comía con los gentiles ni se juntaba con ellos hasta que se le mostró que Dios “no hace acepción de personas.” Hechos 10:1-45.
Ciertos hombres descendieron de Judea y enseñaban a los hermanos que debían circuncidarse para ser salvos. “Pablo y Bernabé tuvieron con ellos una discusión y contienda no pequeña, y subieron a Jerusalén a los apóstoles y ancianos para tratar esta cuestión.” Allí se encontraron con algunos de la secta de los fariseos que habían creído, los cuales decían “que era necesario circuncidarlos, y mandarles que guardasen la ley de Moisés.” Después de discutir esta cuestión, llegaron a la siguiente conclusión, que escribieron y enviaron a los hermanos gentiles en Antioquía, Siria y Cilicia.
“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.” Hechos 15:28, 29.
Con estos hechos en mente, vuelva el lector a la epístola de Pablo a los gálatas, donde se dice que el apóstol enseñó la abolición del sábado. El apóstol dice: “¡Oh GÁLATAS insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” Gálatas 3:1, 2.
Es muy evidente quién los había fascinado. Por lo que el apóstol dice en los capítulos primero y segundo, queda claro que la iglesia de Galacia había sido apartada de la verdad del evangelio por maestros judaizantes, que les habían mandado circuncidarse y guardar la ley de Moisés. Pablo habla en el capítulo segundo de la conferencia en Jerusalén con los apóstoles y ancianos sobre esta cuestión, registrada en Hechos 16:1-29. Luego declara que resistió a Pedro cara a cara “porque era de condenar,” por comer con los cristianos gentiles en ausencia de los de la circuncisión, y luego, cuando éstos estaban presentes, rehusar comer con los gentiles. “Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” Gálatas 2:14.
He sido así de minucioso para que el lector pueda ver claramente y entender el asunto del apóstol en su epístola a los gálatas.
Ellos habían dejado la sencillez de la fe en Jesús y estaban volviendo a las obras de la ley de Moisés, la cual llevaba veinticinco años muerta.
Pablo habla de la circuncisión, de guardar días, meses, tiempos y años, y de comer con los gentiles; todo lo cual se relacionaba enteramente con las leyes ceremoniales de Moisés, y no tenía referencia alguna a la ley moral de Dios, los diez mandamientos.
“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Gálatas 5:4.
Este texto es citado con frecuencia por los maestros del no sábado para mostrar que los que guardan el sábado del séptimo día han caído de la gracia. Ahora bien, si caemos de la gracia por guardar el cuarto mandamiento del decálogo, ¿no caen ellos también de la gracia por guardar el primero, el tercero, el quinto, el séptimo o el octavo mandamiento de la misma ley? Si caemos de la gracia por guardar el mandamiento del sábado, no podemos ser restaurados nuevamente a la gracia hasta que lo quebrantemos. Y por la misma regla, los que guardan el tercer, quinto y octavo mandamientos tendrían que deshonrar a sus padres, jurar y hurtar antes de poder ser restaurados por la gracia divina.”
Dejo al lector decidir sobre la justicia de esta sorprendente conclusión. Mi deseo es presentar el sistema sin sábado y sin mandamientos en su verdadera forma, horrible y torcida, para que el lector no sea devorado por él. Si caemos de la gracia por enseñar el sábado, entonces San Pablo y todos los apóstoles cayeron de la gracia por enseñar los mandamientos.
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa.” Efesios 4:1, 2.
Este es el primer mandamiento del decálogo que tiene una promesa adjunta, y el primero de la segunda tabla de piedra. No hay hombre ni mujer en el mundo que crea que el apóstol cayó de la gracia por urgir a los efesios las demandas del quinto mandamiento de la ley moral.
Tampoco hay hombre ni mujer que realmente crea que hemos caído de la gracia (por el pecado de guardar el sábado, como algunos quisieran hacerlo ver) por guardar y enseñar el cuarto mandamiento. Los que dan esta impresión en realidad no creen tal cosa, pero parecen dispuestos a dar esa impresión errónea para ocultar la verdad del sábado.
“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.
El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” Romanos 14:5, 6.
Si queremos entender el tema y el argumento del apóstol, debemos leer todo el capítulo.
Los cristianos en Roma atravesaban pruebas semejantes a las de otras iglesias. Algunos de ellos se aferraban a las costumbres judías en cuanto a comidas y días de fiesta, y otros se oponían a esas costumbres. La mayor dificultad de Pablo con ellos era que se juzgaban unos a otros y hacían de estas cosas una prueba de comunión cristiana.
“El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.” Romanos 14:3. Aquí les está enseñando una lección de tolerancia cristiana en aquellas cosas que no eran una prueba de comunión. Quería que cada uno estuviera plenamente persuadido y establecido en cuanto a su propio deber respecto a comer y a los días de fiesta, y luego actuara concienzudamente delante de Dios. Tal proceder era aceptable a Dios; por eso era incorrecto juzgarse unos a otros.
El apóstol se hizo “todo para todos,” para que “de todos modos” salvara a algunos. Incluso hizo circuncidar a Timoteo por causa de los judíos. Véase Hechos 16:1-3. Esta costumbre judía no debía ser observada por la iglesia cristiana; sin embargo, Pablo quiso que su colaborador (cuyo padre era griego) fuese circuncidado, para que pudieran tener mejor acceso a los judíos.
“La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios.” Véase la traducción de Whiting. 1 Corintios 7:19.
En ninguna parte del Nuevo Testamento se habla de guardar los mandamientos de Dios como algo de poca importancia, como sí se habla de la circuncisión, de comidas y de días de fiesta; al contrario, siempre se presenta como una prueba de comunión cristiana y de salvación eterna.
“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él.” 1 Juan 2:4. “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.” Mateo 19:17. “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos.” 1 Juan 5:3.
No hay evidencia de que San Pablo se refiera a alguno de los mandamientos de Dios en su capítulo catorce a los Romanos. Su tema es el comer y los días de fiesta que algunos de la iglesia observaban y otros no. La palabra come se menciona en este capítulo once veces; comida, cuatro; beber, dos; pero el sábado (que los maestros del no sábado entienden como el tema de este capítulo) no se menciona ni una sola vez. Los que se han apoyado en este capítulo como prueba de la abolición del sábado han adivinado el significado de Pablo; pero si examinan cuidadosamente todo el capítulo con el deseo de obtener la verdad, verán que han adivinado mal. Si leemos solo los versículos cinco y seis de este capítulo, sin entender el tema del apóstol, podríamos inferir que se trata del sábado. Pero una comprensión de su tema, de sus pruebas y de su labor con los hermanos en Roma destruye todo fundamento aun para inferir que se refiere al sábado del séptimo día.
Ahora bien, recuerde el lector que Romanos 14:5, 6 es uno de los cuatro o cinco textos sobre los cuales descansa todo el argumento de no mandamientos y no sábado. He mostrado que el sistema del no sábado no tiene fundamento en esta porción de la Escritura; y, con la ayuda del Espíritu de verdad, mostraré que no tiene fundamento en las Escrituras de verdad.
Es tiempo de que despertemos plenamente a toda la verdad con relación al sábado, y no seamos engañados por quienes invalidan la ley de Dios. ¡Oh, que Dios despertara al “pequeño rebaño” y les mostrara a todos su sábado!
Continuará.