Moisés menciona dos palabras varias veces en estos tres versículos: corrupción/corrompida y violencia. Todos estaremos de acuerdo en que esas dos palabras tienen una connotación negativa, es decir, no son buenas palabras con las cuales asociarse. Cuando profundizamos en la palabra violencia, esta proviene de la palabra hebrea Chamas (Strong 2555), que significa: “crueldad, daño, falsedad, injusticia, opresor, impiedad, violencia contra”. Podemos decir que el mundo antediluviano estaba ocupado en maltratar a sus vecinos, amigos y familiares; el amor realmente escaseaba. En otras palabras, Dios no estaba en sus vidas, de modo que en lugar de adorar al Dios de sus padres o al Dios de Adán (Adán vivió más de 900 años), se adoraban a sí mismos o a otros (Romanos 1); realmente, realmente se corrompieron. Básicamente, había una abundancia de problemas familiares que pudieron haberse derivado de altas tasas de divorcio y/o de la poligamia, lo cual condujo a hogares rotos y, posteriormente, a personas quebrantadas que solo vivían para sí mismas y para sus ídolos... Lo cual podría explicar por qué comían y bebían en exceso, se casaban imprudentemente y/o tenían relaciones con la persona equivocada; estaban buscando una manera de escapar de sus problemas o de los problemas que los rodeaban, o peor aún, sus corazones estaban tan lejos de Dios que deliberadamente buscaban causar problemas. ¡Vaya, eso me recuerda a nuestro mundo actual! Por supuesto, violencia es violencia, como asesinato, violación, robo, etc.; pero sabemos que los problemas empiezan en el hogar y luego se reflejan en la sociedad.