Los días de Noé
Por: Michael Alvarez
El diluvio que arrasó el mundo antediluviano o antiguo en los días de Noé (hace más de 4,500 años) ha dejado una marca visible en nuestro planeta. Lo vemos cada vez que observamos un mapa topográfico y notamos los continentes con sus cordilleras, lagos, ríos, llanuras de inundación y cómo están dispuestos en un patrón específico por todo nuestro planeta. También lo vemos en nuestras montañas y en los incontables tipos de fósiles marinos hallados en sus cumbres. Además, también hay evidencia de un diluvio catastrófico mundial cuando observamos fotografías de fósiles de grandes reptiles (dinosaurios), pues casi siempre se encuentran sepultados en la postura de muerte, con el cuello levantado como si buscaran su último soplo de oxígeno.
El diluvio mencionado en el libro de Génesis fue un evento real que destruyó todo lo que encontró a su paso, incluyendo a todos los seres humanos excepto Noé y su familia, ocho almas en total. Jesús también mencionó el diluvio de Noé cuando vivió entre nosotros (hace más de 2,000 años). El apóstol Mateo registró lo siguiente en su evangelio. Jesús dijo así,
“(38) Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, (39) y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” Mateo 24:38,39 RVR1960.
Si Jesús hizo referencia al diluvio, podemos estar seguros de que realmente ocurrió, tal como lo describe Moisés en el primer libro de la Biblia, el libro de Génesis. La verdadera pregunta que debemos abordar es por qué sucedió. Jesús nos da una pista en el versículo 38 cuando dice que “estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento”. Algunos podrían responder y decir que no hay nada malo en comer, beber y el matrimonio... Yo estaría de acuerdo en que Dios nos dio la capacidad de comer, beber y casarnos; estas cosas fueron instituidas en el jardín del Edén como dones para nuestros primeros padres, así que por supuesto son buenas. Pero el problema no está en los dones en sí mismos, sino en cómo usamos esos dones.
Muchos en la actualidad abusan de estos dones; lo vemos especialmente en el mundo occidental, donde el acceso a alimentos refinados poco saludables y al alcohol se encuentra casi en cada esquina, y ha llevado a muchos a necesitar oír el mensaje de salud o, peor aún, la funeraria. También lo vemos en las tasas de divorcio de hoy y en cómo el matrimonio es tratado como un empleo del que tienes la posibilidad de renunciar en cualquier momento y por cualquier motivo. ¿Quizá a esto se refería Jesús...? Pero creo que podemos hallar la respuesta a nuestra pregunta al considerar lo que Moisés escribió en los siguientes textos,
“(11) Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. (12) Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. (13) Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.” Génesis 6:11-13 RVR1960.
Moisés menciona dos palabras varias veces en estos tres versículos: corrupción/corrompida y violencia. Todos estaremos de acuerdo en que esas dos palabras tienen una connotación negativa, es decir, no son buenas palabras con las cuales asociarse. Cuando profundizamos en la palabra violencia, esta proviene de la palabra hebrea Chamas (Strong 2555), que significa: “crueldad, daño, falsedad, injusticia, opresor, impiedad, violencia contra”. Podemos decir que el mundo antediluviano estaba ocupado en maltratar a sus vecinos, amigos y familiares; el amor realmente escaseaba. En otras palabras, Dios no estaba en sus vidas, de modo que en lugar de adorar al Dios de sus padres o al Dios de Adán (Adán vivió más de 900 años), se adoraban a sí mismos o a otros (Romanos 1); realmente, realmente se corrompieron. Básicamente, había una abundancia de problemas familiares que pudieron haberse derivado de altas tasas de divorcio y/o de la poligamia, lo cual condujo a hogares rotos y, posteriormente, a personas quebrantadas que solo vivían para sí mismas y para sus ídolos... Lo cual podría explicar por qué comían y bebían en exceso, se casaban imprudentemente y/o tenían relaciones con la persona equivocada; estaban buscando una manera de escapar de sus problemas o de los problemas que los rodeaban, o peor aún, sus corazones estaban tan lejos de Dios que deliberadamente buscaban causar problemas. ¡Vaya, eso me recuerda a nuestro mundo actual! Por supuesto, violencia es violencia, como asesinato, violación, robo, etc.; pero sabemos que los problemas empiezan en el hogar y luego se reflejan en la sociedad.
Actualmente vivimos en un planeta que se asemeja al mundo antediluviano, un planeta donde el amor escasea en gran manera; no se encuentra por ninguna parte. Como en los días de Noé, muchos han dejado de creer en Dios y en Su Palabra, y esto ha llevado a muchos males de la sociedad. El problema radica en que muchos no saben quién es el Dios verdadero y viviente; no conocen Su carácter. Satanás, lamentablemente, ha distorsionado quién es realmente Dios, y esto a su vez ha creado la sociedad que tenemos hoy, una sociedad que no se preocupa por la persona que tiene al lado.
Jesús nos dijo que esto es lo que verían aquellos que vivieran en el tiempo del fin antes de Su regreso. Habríamos de contemplar un planeta con personas quebrantadas, personas que necesitan oír las buenas nuevas de que Dios las ama y de que verdaderamente envió a Su Hijo, Su unigénito-Hijo-literal, para morir por todos sus pecados. Dios quiere que sepan que está esperando que echen sobre Él todas sus cargas o problemas, como escribió Pedro (1 Pedro 5:7), y el Dios del universo, el Dios viviente, los sanará de todos sus pecados y de los pecados que han presenciado en sus vidas. Dios también quiere que el mundo sepa que está tan dispuesto a enviarles la mayor promesa de todas: les enviará el Espíritu de Su Hijo (Gálatas 4:4-7), y entonces finalmente podrán clamar: Abba, Padre.
Amigos, seamos como Noé y preparémonos a nosotros mismos y a nuestras familias para lo que se ha profetizado que acontecerá; es decir, preparémonos para la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16). Invitemos y animemos a tantos como podamos siendo creyentes, hacedores de la Palabra, verdaderos testigos del amor de Dios en nuestras vidas. Oro para que el Dios de paz os llene de toda esperanza y amor mientras aguardamos la manifestación de Su Hijo.
Sinceramente en Cristo Jesús,
Michael Alvarez-