La mayoría de los padres aman profundamente a sus hijos. Trabajan para proporcionarles alimento, ropa, vivienda, educación y oportunidades. Se preocupan por su futuro, oran por ellos y hacen sacrificios que muchas veces los hijos ni siquiera llegan a conocer. Sin embargo, puede ocurrir algo doloroso incluso dentro de un hogar cristiano lleno de amor: los padres pueden estar tan ocupados cuidando de todo lo que consideran importante que poco a poco dejan de tener tiempo para las personas más importantes que Dios ha colocado bajo su cuidado.
No siempre sucede por egoísmo. A veces ocurre precisamente porque los padres están intentando cumplir con sus responsabilidades. Papá trabaja más horas porque necesita pagar las cuentas. Mamá tiene tantas obligaciones que llega al final del día agotada. Puede haber responsabilidades de iglesia, ministerio, trabajo doméstico, compromisos familiares y preocupaciones económicas. A todo esto se añaden los teléfonos, mensajes, redes sociales y otras distracciones que pueden ocupar los pocos momentos que quedan disponibles. Los padres continúan amando a sus hijos, pero los niños comienzan a recibir solamente pequeñas porciones de su atención.
Un niño puede tener una casa cómoda y, sin embargo, sentirse solo dentro de ella. Puede recibir regalos y desear una conversación. Puede participar en muchas actividades y todavía anhelar que su padre se siente a escucharlo.
Puede saber que su madre lo ama y, al mismo tiempo, dejar de contarle lo que ocurre en su corazón porque ha escuchado demasiadas veces: 'Ahora no', 'Estoy ocupado', 'Después hablamos' o 'Tengo que terminar esto primero'.
Desean conversación
Anhelan presencia
Necesitan sentirlo
Los teléfonos han creado una dificultad particular. Podemos estar físicamente al lado de nuestros hijos y mentalmente en otro lugar. Un niño habla mientras el padre mira una pantalla. La madre responde un mensaje durante la comida. El hijo intenta contar una historia y recibe respuestas automáticas: 'Ajá… sí… qué bueno', mientras los ojos del adulto continúan en el teléfono.
Lo que recibe repetidamente nuestra atención termina comunicando lo que consideramos importante.
A veces necesitamos hacer algo muy sencillo: colocar el teléfono a un lado, mirar al niño a los ojos y escuchar.
Cuando algunas personas llevaron niños para que Jesús los bendijera, los discípulos intentaron impedirlo. Sin embargo, Cristo reaccionó de una manera completamente diferente:
'Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis.'
— Marcos 10:14
En medio de una misión que afectaría al mundo entero, Jesús no trató a los niños como una interrupción.
Papá, mira esto.
→ Ahora no.
Mamá, ¿puedo contarte algo? → Espera.
El niño quiere hablar antes de dormir → Solo pensamos en terminar nuestras tareas
Cuando esto se repite día tras día, el niño aprende algo que nunca quisimos enseñarle: 'Las otras cosas siempre son más importantes que yo.'
No siempre es posible reducir nuestras responsabilidades. Pero con el tiempo que sí tenemos, podemos comunicar a nuestros hijos que son importantes.
"Los padres deben hacerse compañeros de sus hijos y cultivar su amistad. Los niños naturalmente buscan simpatía y ternura, y si no la encuentran en el hogar, pueden comenzar a buscarla en otros lugares."
— Ellen G. White
La infancia no espera hasta que terminemos nuestras responsabilidades. Los hijos continúan creciendo mientras trabajamos, servimos, pagamos cuentas y atendemos las innumerables obligaciones de la vida.
Un adolescente quizá no insista como lo hacía de niño. Puede simplemente dejar de hablar. Y cuando finalmente el padre tenga tiempo, la distancia puede haberse construido lentamente durante años de conversaciones pospuestas.
✅ Hay trabajos que pueden esperar hasta mañana
✅ Hay mensajes que pueden responderse después
✅ Hay actividades que pueden eliminarse
❤️ Pero hay conversaciones con nuestros hijos que quizá no vuelvan a presentarse de la misma manera
¿Mis hijos solamente saben que los amo, o también pudieron sentir hoy que tenían un lugar en mi tiempo y en mi atención?
Estar presentes hoy también forma parte de prepararlos para mañana.
Fuentes: La Biblia — Marcos 10:13-16; Deuteronomio 6:6-7; Efesios 6:4. Ellen G. White — El Hogar Adventista; Conducción del Niño.