Paz en medio de la tormenta:
¿Qué es tener una actitud positiva?

Por Alfred Irizarry

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." (Juan 16:33)

I. ¿Qué significa tener paz desde una perspectiva cristiana?

Desde una perspectiva cristiana, tener paz no significa simplemente ausencia de problemas, sino descansar en Dios aun en medio de ellos. Es una tranquilidad interior que nace de saber que Dios está presente, que tiene el control y que sus promesas son fieles.

Jesús dijo:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
Juan 14:27

La paz del mundo depende de las circunstancias: salud, dinero, relaciones, seguridad, estabilidad. Pero la paz de Cristo permanece aun cuando todo eso tiembla, porque está basada en una relación de confianza con Dios.

Esta paz es un producto de una relación con el Salvador. Una colaboración entre lo divino y lo humano. Un factor importante es que tenemos puesta nuestra mirada.

Una actitud positiva cristiana es una disposición en fe mediante la cual la persona:

Reconoce honestamente el dolor.

Lleva sus preocupaciones a Dios.

Escoge creer en el carácter y las promesas divinas.

Concentra la mente en la verdad y no en suposiciones destructivas.

Cultiva gratitud, esperanza y alabanza.

Habla palabras que fortalecen.

Actúa con fe, aunque sus sentimientos todavía sean negativos.

La fe verdadera reconoce los problemas

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Filipenses 4:11

Demostrado en el versículo 11 por la expresión: "he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación", culminando con la expresión: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (versículo 13). En ambas expresiones, no hay una negación de que existan problemas, sino todo lo contrario, se reconocen, pero con el importante énfasis de que tenerlos no son un impedimento para el gozo y la victoria en Cristo.

La primera característica para tener una actitud positiva es que nuestros pensamientos sean saludables:

"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad". Filipenses 4:8

Por lo tanto, una disposición positiva nunca debe construirse sobre la fantasía, la negación o el autoengaño. Para el cristiano, una disposición positiva no consiste en repetir que "todo estará bien", negar los problemas o imaginar que nuestros pensamientos producen mágicamente la realidad. Tampoco es la idea secular de positividad, donde el ser humano puede vencer cualquier dificultad únicamente mediante su fuerza mental.

La fe no dice:

"No tengo problemas".

La fe dice:

"Aunque tenga problemas, no tengo que temer, porque Dios no me ha abandonado; puedo llevarle mis cargas, recibir su dirección y avanzar un día a la vez".

La verdadera paz no es ausencia de problemas. Es conservar una razón serena que confía en Dios aun cuando no comprendemos lo que sucede.

II. Aun si hemos fracasado podemos tener esperanza.

Después de obtener una gran victoria sobre 850 falsos profetas en el monte Carmelo, Elías huyó, se aisló y deseó morir diciendo:

"Basta ya, oh Jehová, quítame la vida".
1 Reyes 19:4

De diversas maneras Dios manifestó su compasión por él, restauró sus fuerzas y le dio nuevamente propósito. Este relato destaca que Dios no nos abandona a sus hijos cuando estos luchan contra sus emociones, la ansiedad o la depresión.

Aunque hayamos fracasado en nuestros planes, decisiones, metas o responsabilidades, la Biblia nos recuerda que el fracaso no tiene la última palabra. "Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse" (Proverbios 24:16). Dios no mide nuestra vida solamente por las caídas, sino por la disposición de levantarnos con fe. Aun cuando sentimos que nuestras fuerzas se acabaron, Él promete: "No temas, porque yo estoy contigo… siempre te ayudaré" (Isaías 41:10). Estas palabras son palabra de Dios, y podemos ser partícipe de ellas por medio de la fe. Su palabra trajo el mundo a la existencia (Salmo 33:9), y pueden traer paz a tu vida en medio de cualquier tribulación.

Dice el David el salmista:

"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento." (Salmos 23:4)

Vemos aquí que hay reconocimiento de nuestra situación, aun que sea un valle de sombra de muerte, pero hay una certeza, una confianza absoluta en la presencia divina, en medio de la aflicción.

Esta esperanza nos permite mirar el futuro con una actitud positiva, no porque negamos la realidad del dolor o del error, sino porque confiamos en que Dios puede sostenernos, enseñarnos y abrir nuevos caminos.

En el cristiano, una actitud positiva nace de saber que Dios puede transformar aun las experiencias difíciles en oportunidades de crecimiento. José pudo decir después de años de pérdidas e injusticias: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien" (Génesis 50:20). Pablo también afirma que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:28). Esto no significa que todo fracaso sea bueno en sí mismo, sino que Dios puede sacar bendición, madurez y propósito aun de aquello que parecía perdido. Por eso podemos decir con esperanza: "No te alegres de mí, enemiga mía, porque aunque caí, me levantaré" (Miqueas 7:8).

Tu victoria está al alcance.

HOY mismo, a las puertas, confía en Dios en medio de tus dificultades y él te dará la victoria.

"Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él." (Salmo 34:8)

Los hábitos son el resultado de la repetición, y los hábitos conforman el carácter. Al practicar una actitud positiva esta llega ser un estilo de vida.