Para completar esta noble obra de creación, Dios hizo al hombre para que gobernase la tierra y el mar, y todo lo que existía en ellos. “Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en un alma viviente” (Génesis 2:7) Luego de dar aliento al hombre, Dios plantó un hermoso jardín, en el que había toda clase de árboles; también estaba allí el árbol de la ciencia del bien y del mal, cuyo fruto, al hombre, se le prohibió comer. Por último, Dios creó a Eva, la madre de todos los vivientes.