La Caída del Hombre
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos”. Salmos 19:1.
El hogar de nuestros primeros padres fue embellecido por la misma mano de Dios. Los cielos azulados les servían de techo; la tierra, con sus delicadas flores y su alfombra de animado verdor, era su piso; y las ramas frondosas de los hermosos árboles les servían de cortinas. Dios puso a Adán en un huerto. Esta fue su primera morada. En el medio en que vivía la santa pareja había una lección para todos los tiempos; a saber, que la verdadera felicidad se encuentra en la comunión con Dios y Sus obras creadas.
Preguntas para dialogar.
1. ¿En qué condición se encontraba toda la creación cuando salió de la mano de Dios? Génesis 1:31.
"Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto".
2. ¿Incluía esto también al hombre? Eclesiastés 7:29, primera parte
"He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto"
3. ¿Conservó el hombre su rectitud? Romanos 5:12.
"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron".
Satanás y su campo de acción.
Satanás, el enemigo de las almas, vio la felicidad y la paz que la santa pareja gozaban en el Edén, y resolvió inducirlos a desobedecer. Así, arrojaría sobre estos inocentes seres miseria y ocasionaría pesar en los cielos.

Nuestros primeros padres fueron advertidos acerca del peligro que los amenazaba. Mensajeros celestiales expusieron ante ellos la historia de la caída de Satanás y les explicaron la naturaleza del gobierno divino, que el príncipe del mal trataba de derrocar.
Fue la desobediencia a los mandamientos de Dios lo que había ocasionado la caída de Satanás y sus huestes. Por tanto, era extremadamente importante que Adán y Eva honrasen esa ley. La ley era el único medio por el cual era posible mantener el orden.
El Señor había decidido imponerles una sola prohibición y si menospreciaban Su voluntad en este punto en particular, se harían culpables de transgresión. La prueba de su obediencia y de su amor a Dios sería no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:17).
“Si alguno me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada” Juan 14:23
Lucifer estaba envidioso y tenía celos de Jesucristo, su corazón estaba lleno de envidia y odio, pero no lo demostró públicamente. Le molestaba que Cristo formara parte del consejo especial de Dios para considerar sus planes, mientras Lucifer los desconocía. No comprendía, ni se le permitía conocer los propósitos de Dios. En cambio, Cristo era reconocido como Soberano del Cielo, con poder y autoridad iguales a los de Dios. Lucifer había sido sumamente exaltado, pero eso no despertó en él ni gratitud ni alabanzas a su Creador. Aspiraba ser como Dios. Se glorificaba en su propia exaltación.
¿No eran sus vestiduras brillantes y hermosas? ¿Por qué había que honrar a Cristo más que a él?
El brillo de sus vestiduras era un reflejo de la gloria de Dios. Al centrarse en el reflejo y no en la Fuente, perdió su conexión espiritual y su gratitud.
Lucifer era un ser creado, mientras que Cristo es el Creador. Aunque Lucifer era "sumamente exaltado", siempre sería una criatura. Cristo, al ser uno con el Padre, poseía una autoridad inherente que Lucifer nunca podría alcanzar por esfuerzo o posición. Lucifer aspiraba a la soberanía y al poder de Dios ("Seré semejante al Altísimo"), pero no deseaba el carácter de Dios (amor y servicio). Quería el honor sin el sacrificio.
“Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto a las estrellas de Dios levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” Isaías 14:12-14
Así congregó a las huestes angélicas, disimulando sus verdaderos propósitos, y les presentó su tema, les declaró que él los había congregado para asegurarles que no soportaría más esa invasión de sus derechos y los de ellos: que nunca más se inclinaría ante Cristo; que tomaría para sí la honra que debiera habérsele conferido, y sería el caudillo de todos los que estuvieran dispuestos a seguirlo y a obedecer su voz.


Hubo discusión entre los ángeles. Lucifer y sus seguidores luchaban para reformar el gobierno de Dios. Estaban descontentos y se sentían infelices... Se rebelaron contra la autoridad del Hijo.
Todo el cielo parecía estar en conmoción. Satanás estaba combatiendo contra la ley de Dios por su ambición de exaltarse a sí mismo y no someterse a la autoridad del Hijo de Dios, el gran comandante celestial.
Entonces hubo guerra en el cielo. El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron. El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo.
El Padre consultó con el Hijo con respecto a la ejecución inmediata de su propósito de crear al hombre para que habitara la tierra. Lo sometería a prueba para verificar su lealtad antes que se lo pudiera considerar eternamente fuera de peligro. Si soportaba la prueba a la cual Dios creía conveniente someterlo, con el tiempo llegaría a ser igual a los ángeles. Tendría el favor de Dios, podría conversar con ellos y éstos con él. Dios no creyó conveniente ponerlos fuera del alcance de la desobediencia.
¡Satanás fue una vez un ángel a quien se honraba en el cielo, el que seguía en orden a Cristo!
El disfraz de serpiente
Para pasar inadvertido, Satanás escogió como medio a la serpiente (disfraz), que era uno de los seres más astutos y bellos de la tierra. La serpiente tenía alas y cuando volaba deslumbraba con el color y el brillo de su apariencia. Eva, distraída en sus agradables labores, se alejó de su esposo y aunque presintió el peligro al verse sola, desechó sus temores, y muy pronto se encontró extasiada frente al árbol prohibido, cuyo fruto era muy bello, esta fue la oportunidad del tentador. El resto de la historia la puedes encontrar en el capítulo 3 del libro de Génesis.
Preguntas para dialogar.
  1. ¿Qué prohibición había establecido Dios para la pareja en el jardín del Edén? Génesis 2:17.
"mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás".
2. ¿Quién fue el primero en comer de este fruto prohibido? Génesis 3:6.
"Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella".
3. ¿Fue engañado Adán en cuanto a las consecuencias del acto? 1a Timoteo 2:14.
"y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión".
4. ¿Cómo fue engañada Eva? 2a Corintios 11:3.
"Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo".
5. ¿Quién era la serpiente? Apocalipsis 20:2.
"Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años".
6. ¿Cómo comenzó su obra? Génesis 3:1.
"Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?"
7. ¿Qué fue lo que les dijo que pasaría si comían del árbol? Génesis 3: 5.
"sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal".
El objetivo de la serpiente se cumplió, y logro inculcar la soberbia en el corazón de Eva, diciéndole que comiendo del fruto se abrirían sus ojos y serían como dioses, sabiendo el bien y el mal.
El origen de la naturaleza pecaminosa del hombre.
Las primeras palabras de la serpiente a Eva la llevaron a reflexionar sobre la justicia de Dios, despertando en ella un sentimiento de descontento.
En los versículos 4 y 5 del capítulo 3 del libro de Génesis, la serpiente se vuelve más audaz, y acusa a Dios abiertamente de injusticia, por mantener a Adán y Eva en una posición inferior.
Dijo: "No moriréis, ciertamente...”, así, Satanás avivó en rebelión abierta la soberbia y el descontento que había despertado primero, al hacerles ver que Dios los había hecho inferiores para enseñorearse de ellos.
"Por un solo hombre entró pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12).
Por su transgresión, Adán perdió la semejanza moral a Dios con la que fue creado, y así transmitió a sus descendientes una naturaleza pervertida y pecaminosa. Como Adán pecó todos pecaron.

Preguntas para dialogar.
1.- ¿Se les permitió a Adán y a Eva permanecer en el jardín? Génesis 3:23-24.
"Y lo sacó Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida".
2.- ¿Cuán extensas fueron las consecuencias de la caída de Adán y Eva? Romanos 5:12.
"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron".
3.- ¿Qué tipo de naturaleza heredan todos los hombres? Marcos 7:21-23.
"Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre".
4.- ¿Cómo podemos deshacernos de esta naturaleza malvada y tener una mejor? 2a Pedro 1:4; 1a Juan 5:4.
"por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia".
"Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe".
La ola de angustia que siguió a la transgresión de nuestros primeros padres es considerada por muchos como un castigo demasiado severo para un pecado tan insignificante; y ponen en tela de juicio la sabiduría y la justicia de Dios en su trato con el hombre. Pero si estudiasen más profundamente el asunto, podrían discernir su error. Dios creó al hombre a su semejanza, libre de pecado. La tierra debía ser poblada con seres algo inferiores a los ángeles; pero debía probarse Su obediencia; pues Dios no había de permitir que el mundo se llenara de seres que menospreciasen Su ley. No obstante, en su gran misericordia, no señaló a Adán una prueba severa. La misma levedad de la prohibición hizo al pecado sumamente grave. Si Adán no pudo resistir la prueba más ínfima, tampoco habría podido resistir una mayor, si se le hubiesen confiado responsabilidades más importantes.
Historia de los Patriarcas y Profetas, pág. 44, E.G. White.
Cuando Adán y Eva se percataron de lo excelsa y sagrada que era la ley de Dios, que exigía el costoso sacrificio del Hijo de Dios para salvar a la humanidad caída, comprendieron que su pecado tendría horribles consecuencias. El Padre no podía abolir ni alterar un solo precepto de Su ley para aceptar al hombre en su condición caída. Pero el Hijo de Dios que en conjunto con el Padre había creado al hombre, podía dar Su vida en sacrificio, soportando la ira de Su Padre.
Y así ocurrió al pasar de los años, Jesús vino a este mundo y dio Su vida por cada uno de nosotros.